El Mundo del Asado #6
6 de febrero de 2026
Sin un momento exacto que marcara el comienzo, su vínculo con el asado creció entre amigos, risas y encuentros. Hoy, es parte esencial de su vida y una forma de expresión auténtica.
A veces, las pasiones más intensas no nacen de una fecha, sino de un hábito. Eso le ocurrió a Diego Brítez. Un día, entre amigos y brasas encendidas, notó que el asado ya era parte de su identidad. No lo buscó: simplemente lo vivió. Y como sucede con todo lo que se ama con naturalidad, empezó a perfeccionarlo. Desde ese momento, cada corte, cada encendido y cada comida compartida es una celebración de su camino espontáneo hacia el mundo del fuego.
— ¿Recordás cuándo nació tu pasión por el asado?
No hubo un hecho concreto. Fue algo que se dio solo. Entre encuentros con amigos, ver cómo otros cocinaban, compartir el fuego… un día me di cuenta de que era parte de mí.
— ¿Tenés algún corte preferido?
Soy bastante libre al elegir, pero si hay costillar, bienvenido sea. Es un corte que nunca falla, que luce bien y que siempre deja contento a todos.
— ¿Qué técnica preferís a la hora de cocinar?
La tradicional: parrilla y fuego por debajo. Es directa, sencilla, pero si se domina bien, da resultados increíbles.
— ¿Qué acompañamientos no faltan en tus asados?
La mandioca. Siempre. Me parece el complemento ideal: tiene sabor, textura, y realza la carne sin competir con ella.
— ¿Y los vegetales?
¡Sí! Siempre digo que los vegetales a la parrilla son un “sí rotundo”. Me gusta experimentar con papas, batatas, zucchini, berenjenas, ajo, cebolla, tomate… dan color y variedad.
— ¿Tenés referentes que te hayan inspirado?
Admiro a varios cocineros, pero localmente destaco a Rodolfo. Su estilo y enfoque me ayudan a seguir mejorando.
Para Diego, el asado no es una meta, es un recorrido. Un espacio que se comparte, se vive y se aprende con cada encendido. Lo suyo no es buscar la perfección técnica, sino el equilibrio entre sabor, disfrute y cercanía. Y en cada encuentro, sin darse cuenta, sigue alimentando esa llama que empezó sin aviso… pero que hoy arde con identidad.
Inspirado por amigos y momentos compartidos, un día simplemente me di cuenta de que el asado ya formaba parte de mi vida
Tres claves de Diego Brítez para lograr un asado auténtico, sin complicaciones y lleno de sabor.
Fuego por debajo, siempre controlado:
La técnica tradicional, bien aplicada, nunca falla.
Mandioca como compañera fiel:
Sencilla, deliciosa y con ese toque autóctono que nunca decepciona.
Vegetales con actitud:
Desde batatas hasta ajo y tomate, incorporarlos eleva la experiencia.