El Mundo del Asado #6
6 de febrero de 2026
Desde su infancia entre estacas chaqueñas hasta su lugar en el Club del Asado, Aldo Britos mantiene viva una pasión que se transmite en cada costilla humeante.
Para Aldo Britos, el asado es mucho más que carne sobre brasas. Es memoria, tradición y afecto. Lo aprendió primero en su familia paterna y luego lo fortaleció de la mano de su suegro. Hoy, su técnica combina esa herencia emocional con conocimiento práctico y una devoción por el sabor auténtico. La parrilla, para él, es el lugar donde la vida se comparte sin apuros.
— ¿Cómo se despertó tu amor por el asado?
De chico, con mi familia. Recuerdo los costillares clavados en estacas y el fuego saliendo de la tierra. Ya de adulto, fue mi suegro quien me introdujo de lleno en el arte de la parrilla.
— ¿Qué corte nunca falta en tu parrilla?
La tapa cuadril. Jugosa y versátil. La puedo rellenar o simplemente salar bien y ya está perfecta.
— ¿Acompañamientos infaltables?
Chipa guazú, mandioca con sal y morrones rellenos. Esos completan el asado.
— ¿Cómo describís tu técnica?
Prefiero el fuego directo, regulando con la altura de la parrilla. Pero si tengo tiempo, también uso fuego indirecto para darle un toque especial.
En el fuego de Aldo Britos se cuece algo más que carne: se cocina una historia que une generaciones, sabores y momentos. Para él, cada asado es una forma de decir “estamos juntos”.
Si tuviera que recomendar un corte, diría que la tapa cuadril se roba las miradas en cada asado.
Dominio del fuego con tradición: Tres claves de Aldo Britos para un asado lleno de sabor y emociones.
Tapa cuadril:
usala como estrella o base para rellenar.