El Mundo del Asado #6
6 de febrero de 2026
Desde los asados familiares en el Chaco hasta las reuniones entre amigos, Oscar Samaniego transforma la parrilla en una experiencia que honra la tradición, el sabor clásico y la creatividad técnica.
Para Oscar Samaniego, el fuego es herencia. Su historia como asador no comenzó con una receta, sino con una escena: su padre, cocinero oficial de cada viaje al Chaco, encendiendo las brasas con destreza y paciencia. Esa imagen quedó grabada en su memoria, y con los años se convirtió en un camino propio, lleno de técnica, respeto por los clásicos y búsqueda de sabor. Hoy, Oscar representa a quienes entienden que el asado no es solo una comida: es una forma de cuidar, reunir y dejar huella.
— ¿Cómo nació tu pasión por el asado?
Todo empezó con mi viejo. Íbamos al Chaco y él era el cocinero oficial. También en casa, los domingos eran de asado. Yo observaba, ayudaba… y sin darme cuenta, aprendía.
— ¿Qué corte es infaltable para vos?
La costilla. No hay asado sin costilla. Es el corte que más me representa, el que más me exige y el que más disfruto cocinar. Para mí, es la reina de la parrilla.
— ¿Qué otros sabores acompañan tu cocina?
Los chorizos con pan de ajo, pero me gusta darles una vuelta más: los sirvo con queso provoleone, aceitunas, huevo de codorniz, un toque de especias… Eso los transforma. También hago locotes rellenos o zapallitos (cabutiá) al rescoldo, que aportan sabor y color.
— ¿Qué técnica usás para lograr tu sello personal?
Arranco con carbón y luego leña para sumar ese toque ahumado. Para la costilla, uso fuego indirecto, pero con un nivel alto. Así logro esa textura jugosa que me gusta, sin perder precisión en la cocción.
— ¿Tenés referentes que te hayan influenciado?
Muchos. De Ariel a la Parrilla, El Laucha, Colaso, Asado Benítez… Aprendí viendo, escuchando y cocinando con amigos. Cada uno me dejó algo.
El fuego, para Oscar Samaniego, no es solo calor: es un puente entre generaciones. Con cada corte, cada relleno, cada leña encendida, rinde homenaje a lo aprendido y lo transforma en algo nuevo. Su asado es un ritual donde la técnica afina el legado, y donde la pasión se convierte en sabor compartido. En su parrilla, el pasado tiene aroma a leña, y el futuro, sabor a costilla.
Mi pasión por el asado y la cocina inició con mi viejo. Íbamos al Chaco y él era el cocinero oficial
Comenzá con carbón, sumá leña:
El toque de humo natural transforma el sabor de cualquier corte.
No subestimes las guarniciones:
Chorizos rellenos, vegetales asados y zapallitos al rescoldo son un festín de colores y texturas.
Respetá el corte clásico:
La costilla es exigente, pero bien cocida se vuelve inolvidable. Usá fuego indirecto alto y tené paciencia.