El Mundo del Asado #6
6 de febrero de 2026
“Asado sin mandioca no es asado”. No es solo una frase hecha: es un mandamiento no escrito que los paraguayos repetimos con orgullo, como si la tierra misma nos hablara desde las brasas. Y es que este tubérculo, humilde en apariencia pero gigante en tradición, no puede faltar cuando se enciende el fuego y la carne empieza a chillar sobre la parrilla.
Desde el Club del Asado queremos rendir homenaje a esta raíz noble, símbolo agrícola y culinario del Paraguay, con una experiencia que combina historia, sabor y exploración parrillera.
Hoy, aunque muchas de sus variedades autóctonas están en peligro de desaparecer, Paraguay sigue siendo tierra de mandioca.
La mandioca –también conocida como yuca o cassava en otras regiones del continente– es parte esencial de nuestra dieta desde tiempos ancestrales. Rica en almidón, sin gluten, llena de nutrientes y resistente a condiciones climáticas extremas, ha sido alimento de generaciones enteras, sobre todo en el interior del país.
Departamentos como San Pedro, Caaguazú, Itapúa, Paraguarí, Caazapá, Canindeyú, Alto Paraná, Guairá y Concepción se dedican a su cultivo, en especial desde la agricultura familiar. Más del 80 % de la producción nacional proviene de fincas que mantienen viva esta tradición.
Lo que muchos no saben es que existen más de una docena de tipos de mandioca en nuestro país, con nombres que parecen salidos de leyendas guaraníes: mandi’o hovy, mandi’o pepira, mandi’o takura, mandi’o akuti, mandi’o juju, mandi’o ita, mandi’o kano, mandi’o pombero… Cada una con particularidades en sabor, textura, color y resistencia a las plagas.
En esta ocasión, visitamos la huerta familiar de Fabio Villalba, ubicada en la Colonia Yacaré del departamento de Cordillera, donde seleccionamos tres joyas que llevan un año esperando en la tierra para llegar a la mesa: Mandi’o Kano, Mandi’o Ju’i y Mandi’o Toledo, todas cultivadas de forma orgánica. Tres formas distintas de disfrutar un mismo sabor patrio.
De la tierra al fuego: cómo llevar la mandioca a tu asado
La mandioca es versátil, generosa y agradecida. Se lleva bien con las brasas, con la fritura, con el queso, con el huevo, con la carne… con todo.
Lo más clásico. Se hierve previamente, se escurre y se deja dorar al lado del fuego hasta que quede con un exterior crocante y un interior mantecoso. Ideal para servir con un choripán o como guarnición principal.
Una vez cocida, se fríe en aceite hasta que esté dorada. Por fuera, crocante; por dentro, pura suavidad. Acompañamiento ideal para costillitas o picaña.
Un revuelto delicioso de mandioca frita, huevo, cebolla, queso paraguay y perejil picado. Fácil de hacer sobre la plancha o sartén parrillero. Perfecto como entrada mientras se espera la carne.
Una delicia de mandioca mezclada con carne molida, ajo y condimentos, que se fríe como tortitas. De textura densa y sabor profundo, es una especie de «hamburguesa criolla» ideal para sumar al menú del asado.