Para Peta Ruger, hacer un asado es un momento de ocio y un tiempo que se regala a sí mismo. Disfruta de la acción de «parrillear»—estar al lado del fuego, probando cortes y verduras.
Aunque admite con humor que su estilo podría ser visto como un desastre, se define a sí mismo como ecléctico y desafiante, pues le encantan los desafíos. Ante cualquier reto culinario, se informa e intenta llevarlo a cabo.
¿Cómo tu estilo ‘desastre’ se convierte en fortaleza?
Porque significa que no me limito a reglas. Pruebo, fallo, ajusto, mejoro. Ese aparente caos produce algunos de mis mejores asados.
La falta de estructura no es debilidad; es libertad para experimentar. Y de esos experimentos salen descubrimientos valiosos.
¿Por qué afirmas que no hay nada más solitario que hacer un asado solo?
Porque el asado por definición es comunión. El fuego, la carne, el tiempo—todo cobra sentido en compañía. Sin ella, es solo proceso mecánico.
«La verdadera esencia del asado está en las conversaciones, las risas, la presencia de otros. Eso es lo que lo hace mágico.»
¿Cuál es tu técnica preferida con la sopa paraguaya a la parrilla?
Poner la sopa paraguaya ya lista a la parrilla para que desarrolle una pequeña costra. Queda crujiente por fuera, tierna por dentro.
Es innovación sobre lo tradicional—respeto la base, pero la mejoro con técnica. Desafía lo convencional en la mejor forma.
¿Qué es lo que más disfrutas del acto de parrillear?
El proceso mismo. Estar al lado del fuego, probando, ajustando, observando cómo la carne y las verduras se transforman.
Es meditativo, es creativo, es un regalo que me doy a mí mismo. Y si además otros lo disfrutan conmigo, es perfecto.
