Para Marcelo Codas, cocinar un asado va mucho más allá del alimento; significa encuentro, compartir, amistad y confraternidad, siendo el asado solo la excusa para reunirse. Con la herencia de su hermano Jorge como norte, sostiene que el verdadero asado exige presencia desde el primer chispazo.
Marcelo Codas Frontanilla ha formado una familia junto a Sarita Marinoni desde hace treinta y tres años, y como padre de Camila y Celina, se ha encargado de transmitirles su particular gusto por el asado.
Su pasión por la parrilla nació al observar a su hermano mayor, Jorge, a quien describe como un verdadero maestro y de quien aprendió la totalidad de sus conocimientos sobre este arte.
Para Marcelo, la inspiración reside en el valor de la tradición, entendiendo el asado como un vehículo fundamental para mantener los lazos afectivos y la confraternidad.
—¿Cómo definirías tu estilo frente a los fuegos y qué importancia tiene para ti el ritual del encuentro?
Si tuviera que definir mi estilo, optaría sin dudar por la palabra dedicación. Considero que el asado es una ceremonia a la que se debe asistir desde el comienzo, una filosofía que heredé de mi hermano Jorge.
Él era muy firme en este punto y exigía la presencia temprana en su casa; solía decir que, si el único interés de una persona era simplemente comer la carne, entonces lo mejor era que fuera directamente a una parrillada.
Mi enfoque se centra en la dedicación necesaria para lograr un resultado que honre esa tradición de compartir.
—Mencionas a tu hermano Jorge como una figura clave. ¿Qué es lo que más destacas de su técnica y de su legado como mentor?
Él fue mi único y gran referente en la parrilla. Lo recuerdo como un gran asadero que manejaba el fuego con una maestría excepcional, tomándose siempre su tiempo, sin ningún tipo de apuros, y con la particularidad de que tocaba la carne muy poco durante todo el proceso de cocción. Esa paciencia y respeto por los tiempos es algo que trato de mantener en cada encuentro.
—En cuanto a la materia prima y los sabores, ¿cuáles son tus elecciones predilectas para una jornada perfecta?
El corte que no puede faltar nunca en mi parrilla es la costilla, ya sea en su versión de tira fina tipo banderita o la tira normal. La combinación del hueso y la grasa, sumada a la excepcional calidad de la carne paraguaya, le otorga una terneza y un sabor maravillosos. Para acompañar, mi guarnición preferida es, definitivamente, la mandioca, que considero el maridaje exacto del asado. Si prefiero una ensalada, elijo siempre la de poroto.
—Para quienes buscan disfrutar plenamente de un buen asado, ¿cuáles serían tus recomendaciones fundamentales?
Mis tres consejos clave resumen mi filosofía: primero, contar con la compañía esencial de familiares y amigos; segundo, seleccionar siempre buena carne; y tercero, asegurar la presencia de un buen asadero que sepa manejar correctamente el fuego y los tiempos.

