- LA PARRILLA DE HÉCTOR BARRIOS
Para Héctor Barrios, asar no es una acción mecánica ni una rutina de fin de semana. Es un arte que exige atención, compromiso y una relación profunda con el fuego y la materia prima.
Influenciado por grandes referentes de la parrilla paraguaya, construyó un estilo propio marcado por la dedicación, la pasión y una obsesión sana por hacer las cosas bien, sin atajos.
—¿Quiénes fueron tus principales referentes o mentores en la parrilla?
Mi mayor referente, como el de muchos, es el Maestro Leyzman Salim. En lo personal, mi primer mentor fue mi hermano Gustavo Barrios, quien me introdujo en este rubro y hoy sigue siendo un gran referente. El segundo gran mentor que tuve es Juan Caballero, a quien considero uno de los mejores parrilleros del país y que además es la mano derecha del Maestro Leyzman.
—¿Qué significa para vos hacer un asado?
Para mí, particularmente, asar es un arte. Lo hago con mucha dedicación y pasión, y eso siempre gusta a mis comensales. Estoy convencido de que cuando hacés algo con amor y con pasión, nunca puede salir mal.
—Si tuvieras que definir tu estilo en una palabra, cuál sería?
Perfección. Es lo que busco en cada asado, desde el inicio hasta el final.
—¿Qué corte no puede faltar nunca en tu parrilla?
Una buena costilla ancha. Para mí es el papá del asado paraguayo y nunca puede faltar.
—¿Y la guarnición ideal?
Verduras tatemadas o grilladas. Son ligeras y acompañan muy bien al asado sin quitarle protagonismo.
En la parrilla de Héctor Barrios no hay improvisación ni descuidos. Cada decisión responde a una filosofía clara: respetar el producto, dominar el tiempo y trabajar con pasión. Porque cuando el asado se entiende como un arte, la perfección deja de ser un objetivo y se convierte en una forma de hacer las cosas.
LOS TIPS DE HÉCTOR
- Dedicación y pasión:
el asado no admite el “hacer por hacer”. Cuando no hay compromiso con el proceso, el resultado se resiente. Cocinar con intención marca la diferencia. - Empezar a tiempo:
organizar los tiempos desde el inicio permite controlar mejor el fuego y respetar cada etapa del asado, sin apuros innecesarios. - Elegir buenas proteínas:
la calidad de la carne es la base de todo. Un buen producto facilita el trabajo y eleva el resultado final.
