Lo que hace que un asado sea especial es la gente con la que se comparte

Alejandro Tessari, oriundo de Mar del Plata, ve el asado como un ritual que congrega a familiares y amigos, sirviendo como marco ideal para compartir historias, risas y forjar recuerdos duraderos.


Recuerdo vívidamente el aroma a chorizo y morcilla que impregnaba la casa, esa palpable emoción en el ambiente donde las horas se desvanecían entre risas, anécdotas y comidas deliciosas. La sobremesa se extendía hasta el atardecer. Esos momentos no eran solo comida; eran la razón por la cual mi familia se reunía y se fortalecía.


El vacío es un corte noble, siempre fiable, con una textura suave y sabor intenso que se deshace al paladar. La costilla es el rey del asado gracias a su perfecta amalgama de carne y grasa, otorgándole ese sabor ahumado y textura tierna. Juntos, garantizan el éxito porque representan la tradición en su forma más pura y confiable.


Represento un estilo clásico que prioriza sabores tradicionales y auténticos. Pero esos detalles—el aceite de oliva, el orégano, la ensalada fresca con parmesano y tomate cherry—son mi forma de respetar la tradición sin estancarse. Es tradición mejorada, no revolucionada.


Busco que entiendan que el asado es más que una forma de cocinar; es un ritual que convoca familia y amigos. Quiero que aprendan que crear esos momentos de comunión, esas historias compartidas, esos recuerdos duraderos, es lo verdaderamente valioso. La carne es solo el vehículo; la conexión es el propósito.